El Santo Rosario
Llamábase chapels en la Edad Media a las guirnaldas de flores
trenzadas en primavera que gustaban de ponerse en la cabeza como adorno, o
con las que decoraban los altares. En el siglo XIII, el uso se extendió,
bajo la influencia de la Orden de Santo Domingo, y se trenzaba así, en
honor de la Virgen, una guirnalda mística que se llamó Rosario (chapelet).
Cada parte se compone de un Padrenuestro seguido de diez Avemarías. Para
enumerarlos con más facilidad se usaban granos ensartados en un cordón, y
muy pronto se usó el rosario tal como lo usamos hoy, es decir, series de
cuentas más o menos ricas y generalmente ensartadas en una cadena. En el
siglo XIII, los fabricantes de rosarios, llamados entonces en Francia "patenôtres"
(palabra derivada de Pater noster), eran tan numerosos que algunos de
ellos se reservaban la fabricación de rosarios de coral; tanto es así que
había un oficio o corporación de los paternôtries de corail.
Cada decena del rosario evoca uno de los misterios de la vida de la Virgen
y de Cristo, agrupados en cuatro partes:
El conjunto de cinco decenas evocando uno de los
misterios constituye una parte del rosario. Los cuatro misterios reunidos,
o sea veinte decenas, forman el Rosario.
Los misterios gozosos se rezan los lunes y sábados.
Los misterios dolorosos se rezan los martes y viernes.
Los misterios de la Luz se rezan los jueves.
Los misterios gloriosos se rezan los miércoles y domingos.
Si no es necesario tener entre las manos el rosario propiamente dicho
bendecido o no, para rezar el Rosario, es indispensable que esta oración
no sea una simple repetición mecánica de una misma fórmula, sino una
especie de meditación en la cual las mismas palabras repetidas sean como
el ritmo de la respiración, una manera de expresar su devoción. La
tradición dice que el rosario fue entregado por la Virgen a Santo Domingo,
pero que corresponde al celo con que los dominicos han propagado esta
costumbre de rezar el rosario en público o particularmente.